MI PROCESO DE MINDFULNESS

No soy una experta en mindfulness, ni mucho menos. De hecho me cuesta la misma vida centrarme en lo que estoy haciendo y ser consciente del momento presente. Por esto mismo sé lo necesario que es el mindfulness y la meditación.

Vivimos en el mundo de las prisas, de conseguir objetivos, de hacer y hacer, sin pararnos y sin saber muy bien hacia donde nos dirigimos. No tenemos claro nuestro propósito ni nuestro rumbo, pero mientras tengamos llena la agenda, nuestro día a día va bien.

Vivimos en plena desconexión entre nuestra mente y nuestro cuerpo. Entre nuestros pensamientos y nuestras emociones. Entre lo que hago y lo que soy.

Y enfrentarnos a nuestro ser, a veces no es fácil.

Y eso es el mindfulness, o así lo entiendo yo. Alinear nuestro pensar y nuestro sentir. Nuestra mente y nuestro cuerpo. El estar aquí y ahora, en este momento presente. No en el futuro, no en el pasado.

Y cuento esto porque he empezado (con ayuda de Ataly García, psicóloga y experta en mindfulness) un proceso que dura 8 semanas (aunque ya os digo que lo voy a continuar) para aprender a meditar y vivir de manera consciente. Aprender a saborear cada instante del día a día que nos regala la vida.

Llevo una semana haciendo meditaciones diarias y me siento muy bien. Por lo menos un tiempo después de cada meditación. No tengo muy clara las emociones antes de meditar, pero sí reconozco el bienestar que siento después de sentarme conmigo misma durante 13 minutos.

Durante las meditaciones guiadas pienso en mil cosas, pero con amabilidad y compasión como me recuerda Ataly, vuelvo a concentrarme en la respiración. Parece fácil, pero para mí no lo es.

Este es un hábito que quiero incorporar en mi vida hace mucho tiempo, y por fin le he dado la prioridad que se merece. Además quiero ser un ejemplo para mis hijas y tratar de incorporarlo a nuestra rutina diaria… aunque primero voy a interiorizarlo yo, que ya es todo un logro.

He utilizado mal las palabras durante mucho tiempo porque siempre he creído que cuando me iba de retirada, al monte, sin cobertura o de vacaciones, me iba a “desconectar”. Pues bien, he descubierto que lo que realmente hago es “conectar”. Conectar conmigo misma y con mi ser. Con mi esencia y con quien realmente soy yo. En ese momento de conexión siento una paz y una plenitud, que muy pocas veces he conseguido. Es sentirme bien y tranquila. Sin juicio, sin presión, sin miedo. Es sentir, y nada más.

En fin, voy a seguir con esta práctica porque creo que sólo va a traerme cosas buenas.

Y eso que sólo llevo una semana.

Os animo a que empecéis vuestro propio proceso. Seguro que va a ser apasionante.

Eva Cortes Contacto

EVA CORTÉS

Basándome en mi experiencia y en el coaching, he creado una serie de talleres que te ayudarán a conseguir objetivos gracias a pequeñas acciones

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